Para aquellos que decidieron caminar sin rumbo fijo y aterrizaron en un lugar como éste. Aquí tenéis vuestro sitio.

sábado, 17 de febrero de 2018

¡Malditas matemáticas!

No, no se trata de una expresión que soltemos en un momento de enfado porque no nos sale un problema... Es el título de un curioso libro de Carlo Frabetti que lleva por subtítulo "Alicia en el País de los Números". Con un nombre así ¿cómo resistirse?





El libro es una obrilla ligera y muy amena destinada, sobre todo, a todos esos jóvenes que, como Alicia (no la del País de las Maravillas, aunque ¿quién sabe cuánto es coincidencia?) piensan que las "mates" son un rollo y no sirven para nada. Y es que Alicia se encuentra un buen día con un señor que dice llamarse Lewis Carroll (este sí es el de verdad), que se horroriza al escuchar la opinión de Alicia. Y es que Charles Dogdson, el verdadero nombre de Carroll, era un apasionado de las matemáticas, y le encantaba poner ingeniosos acertijos que se podían resolver con números (¡y sin álgebra, como diría el grifo, uno de sus personajes!). Para solucionar tan lastimosa situación, "Charlie" se lleva a Alicia a otro país, donde irá descubriendo (y entendiendo) los fundamentos básicos de las matemáticas, a la vez que se da cuenta de que ¡de malditas y aburridas, nada de nada!






viernes, 16 de febrero de 2018

¿Por qué decimos...?

Con la Iglesia hemos topado...

Esta expresión viene de una cita extraída del segundo libro de "El Quijote", y se utiliza para referirse peyorativamente a instituciones poderosas, normalmente intocables y que resultan un obstáculo en el camino de uno.

La cita (a la que a veces se le añade la coletilla "Amigo Sancho") está sin embargo mal entresacada. Puede comprobarse que en original dice "con la iglesia hemos dado" (fíjate además que pone "iglesia", no "Iglesia" haciendo referencia a un edificio, no a la institución) y la dice Don Quijote cuando, en el pueblo del Toboso, andan buscando él y Sancho el supuesto palacio de la "Señora de sus pensamientos":

“Hallemos… el alcázar -replicó don Quijote-… Y advierte, Sancho, o que yo veo poco o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea”.
“Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:
“-Con la iglesia hemos dado, Sancho-”