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martes, 30 de junio de 2015

¿Por qué decimos...?

Echar con cajas destempladas
 
Usamos esta expresión cuando queremos referirnos a "despedir a alguien de malos modos, con muy poca amabilidad". Parece ser que el dicho tendría su origen cuando en la milicia, al expulsar a algún soldado por algún delito ruin e infame, se destemplaban (sacaban) las cajas (tambores), que iban tocando acompañando al reo hasta que saliera del lugar.
 
Otros lingüistas opinan que la referencia a tocar estos instrumentos no deriva del ámbito militar, sino de los tambores que sonaban mientras un condenado a muerte era llevado hasta el patíbulo.




 

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Por qué decimos...?

El que se fue a Sevilla, perdió su silla
 
Cuentan algunos historiadores que durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a su vez designado arzobispo de Compostela. Suponiendo el arzobispo don Alonso que, a causa de las revueltas que agitaban Galicia, a su sobrino le costaría mucho tomar posesión de su cargo, se ofreció para adelantarse a Santiago para allanarle las dificultades, A cambio, le pidió a su sobrino que lo reemplazase en los negocios de su sede en Sevilla.
 
Efectivamente, así lo hizo el joven y recién nombrado arzobispo, y con el mejor resultado, de manera que una vez que don Alonso, concluida la gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que su sobrino se resistía a abandonar la sede que regenteaba, alegando que el arreglo había sido permanente. Para reducirlo, se hizo necesaria la intervención del Papa y hasta la del propio rey Enrique. El joven, una vez que regresó a Santiago, terminó preso y sentenciado a cinco años de condena por otros delitos, pero su carrera continuó y llegó a ocupar los más altos cargos eclesiásticos, teniendo que ceder su arzobispado a su propio hijo.
 
De aquel suceso, muy comentado en su tiempo, nació el dicho que seguramente en su origen debió ser el que se fue "de" Sevilla, perdió su silla y no como lo conocemos hoy, el que se fue "a" Sevilla, perdió su silla, porque en realidad, don Alonso no fue a Sevilla sino a Santiago de Compostela, para lo cual debió irse de Sevilla y... dejar su silla.