Para aquellos que decidieron caminar sin rumbo fijo y aterrizaron en un lugar como éste. Aquí tenéis vuestro sitio.
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lunes, 23 de abril de 2012

Algo raro, raro, raro

Nuestro lenguaje da mucho juego, para bien o para mal. A veces cuando lees te encuentras cosas escritas por ahí que no se corresponden con la realidad de las palabras. 

Hace tiempo nos pasamos por el arboreto Luis Ceballos y os podemos asegurar que este no es el cartel que figura en la puerta de entrada:



Ein??



Además de posarse sobre el letrero un simpático jabalí un tanto desconcertado, hay alguna cosa más que desentona. Un lugar donde hay árboles se llama arboreto porque el origen latino de la palabra árbol es "arbor-arboris". Nada de arboLeto y mucho menos Luis Cebollas.

Nos resultó gracioso el ejemplo, los profes de lengua seguro que lo entenderán. Lo vimos mal escrito (como arboLeto) en un folleto y de ahí a la broma del jabalí no faltó nada. 

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Nosotros nos pasamos por allí en Marzo. Todavía tenemos pendiente hablaros un poco más a fondo sobre este lugar lleno de vegetación de la Península Ibérica, Baleares, Canarias y otras muchas partes más del mundo, el arboreto Luis Ceballos reúne una buena muestra de árboles y arbustos. Las fotos, como siempre, tampoco faltaron. 

Y con más juegos de palabras nos despedimos:


En el albor de un árbol falta un hervor 
para dar sabor a su labor.




viernes, 16 de marzo de 2012

Palabras más, palabras menos

Las palabras, como protagonistas indispensables del lenguaje, lo invaden todo. No nos damos cuenta, pero sin querer van llenando nuestros días. 

Algunas de estas palabras son arrojadas sin más cual fiera en un circo romano y salen a embestir conciencias, inquietudes. Otras se resguardan en los mimos de poetas y escritores, de cuentacuentos y actores, para engrandecer los sueños de quien las recibe.

Atentos a muchas conversaciones que fluyen de gente sin ningún pelo en la lengua, nos quedamos boquiabiertos cuando escuchamos a voces algo tal que así:


"Contra más pienso de que 
me se ha caído la amoto al suelo, 
más tardaré asin en llegar ande me manden". 


La mueca de después da un gran vuelco a nuestras caras, lo siguiente un signo de interrogación descomunal. 

Otras veces llegan a nuestros oídos palabras con una melodía contagiosa, logrando despertar el oído dormido con suavidad.

Una de nuestras favoritas es ENCARAMAR. Leyéndola de seguido el sentido que tiene es aquello de subir a un lugar alto y difícil de alcanzar. Como muchos ideales, como muchas palabras que asumen el reto de llegar lejos y se encaraman en nuestra rutina. Volvemos a leer: ENCARAMAR. Y entonces sentimos el vaivén de unas olas que nos hacen ver de frente el mar, como si esa feroz embestida fuera un dulce mecer de su esencia. 



TODAS LAS PALABRAS              
               TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR