Para aquellos que decidieron caminar sin rumbo fijo y aterrizaron en un lugar como éste. Aquí tenéis vuestro sitio.
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jueves, 9 de agosto de 2012

Rimas, Leyendas y Estrellas

En verano los libros nos acompañan allá donde vamos. El que se vendrá con nosotros este fin de semana para ver las Perseidas, es el de Rimas y Leyendas de Bécquer.

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Y, por adelantaros algunos datos curiosos dichos así de carrerilla, como si fuesen ideas fugaces que caen una detrás de otra:

En la espada del cinturón de Orión hay un cúmulo de estrellas nacientes. Andrómeda es la galaxia más cercana a la nuestra. Estamos muy cerca, casi en el borde, de uno de los brazos de la Vía Láctea. Sirio es la estrella más brillante del hemisferio norte. En 1054, en la constelación de Tauro se produjo una explosión de una supernova que fue visible a pleno día durante varias semanas y actualmente forma la nebulosa del Cangrejo. Según la leyenda, la Vía Láctea se llama así porque una gota de leche escapó del pecho de Era mientras amamantaba a Heracles. 

Para comprobar si tienes buena agudeza visual hay que fijarse en la segunda estrella de la cola de la Osa Mayor, Mizar. Si entonces ves una pequeña estrella a su lado, que se llama Alcor, es que tienes buena vista. 

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Y esto solo son pinceladas de todo lo que se puede aprender gracias a un cielo estrellado.

Mientras nuestros ojos brillan, muchas historias que saben a puro romanticismo acudirán a nuestra memoria.

Con un beso llegarán unos ojos verdes al Monte de las Ánimas para conseguir una valiosa ajorca de oro. Con un tenue rayo de luna, maese Pérez el organista seguirá tocando y tocando hasta que el cielo se desplome.












lunes, 16 de julio de 2012

Leyendas de todo el mundo

Ahora que el cielo está en uno de sus mejores momentos para observar estrellas, os contamos esta bonita historia:


- LA LEYENDA DE LA OSA MAYOR -




Hubo un tiempo en el que recorrían el mundo monstruos y animales fabulosos. Uno de ellos fue una osa gigantesca, y de una ferocidad tan grande, que era capaz de derribar árboles y montañas con cada uno de sus zarpazos. El pueblo Lakota vivía atemorizado. Las mujeres de la tribu no podían alejarse del campamento para recoger agua, los hombres no podían salir a cazar, y los bisontes, venados e incluso las aves, se marchaban de la región por temor a la enorme osa. El hambre llegó, y la situación se hizo insostenible. Así que el consejo de ancianos, mujeres y guerreros se reunió para decidir qué podían hacer para solucionar el problema.

Al día siguiente, los hombres más bravos cogieron sus armas y salieron en busca de la osa. No era difícil seguir el rastro del animal, porque allí por donde viajaba solo se veían árboles destrozados y bosques arrasados. Cuando dieron con ella, la osa se alzó sobre sus dos patas traseras y rugió. Los hombres lanzaron sus gritos de guerra y atacaron, pero descubrieron que sus flechas rebotaban sobre la piel de la osa, y sus lanzas no conseguían herirla. Derrotados, los hombres tuvieron que huir y regresar al campamento con malas noticias.

Todos se desanimaron y lamentaron su mala suerte. Pero en ese momento llegaron a la tribu tres hermanos nobles, fuertes y aguerridos, que preguntaron a los ancianos por qué estaban todos tan afligidos. Cuando les explicaron lo que ocurría, los tres hermanos se marcharon al monte y allí ayunaron y se purificaron, rogando al Gran Misterio que bendijera sus armas. Solo entonces partieron en busca de la osa.

El enorme animal les plantó cara cuando aparecieron, como había sucedido anteriormente con los otros guerreros de la tribu. Sin embargo, esta vez las flechas de los hermanos sí traspasaron el pelaje, y la osa bramó y rugió de dolor e intentó escapar. Los tres hermanos, valientemente, fueron tras ella, y la persiguieron incansablemente durante días. Finalmente, el animal llegó al final del mundo, y vio que los tres hermanos guerreros aún la perseguían con ahínco. Furiosa, de un gran salto se lanzó hacia el cielo plagado de estrellas, pero ni aún así los tres hermanos desistieron, y saltaron ellos también tras el gigantesco animal.


Y allí siguen los tres cada noche, 
persiguiendo infatigablemente a la osa a través del cielo.

ADRG -12






martes, 10 de julio de 2012

Persiguiendo Perseidas

Mirar al cielo en las noches de verano es una cita obligada para nosotros. Persiguiendo a esas Perseidas fugaces que se desdibujan en segundos mientras San Lorenzo llora su suerte, nos dedicamos a alzar la vista y contemplar durante horas este espectáculo que nutre de deseos nuestra larga espera cada madrugada del 11 de agosto. 


Las primeras veces que recuerdo haberlas visto tienen como escenario mis queridas tierras manchegas, en un agosto de fiestas patronales y en lo alto de unas doradas llanuras de campiña. Salir por la noche a tomar el fresco o a pasear por la carretera son costumbres que se repiten en estos pueblos de La Mancha. La cita con las Perseidas no nos la perdíamos nunca. Y ahí siempre estábamos nosotros, con la mirada bien reluciente, solazándonos con las constelaciones de estrellas mientras esperábamos vehementemente entre la oscuridad de una solitaria carretera a que llegaran las hijas de Perseo e iluminaran el estigio manto de la noche.


Este verano tal vez se repita el mismo escenario y volvamos a verlas en un pueblo de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme... los recuerdos ganarán entonces la batalla a los deseos... y todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia...





jueves, 7 de junio de 2012

Leyendas de todo el mundo

Hoy viajamos hasta Grecia para traeros...

 * * La leyenda del Minotauro * *





Pasífae, la esposa de Minos, rey de Creta, se enamoró de uno de los toros sagrados de Poseidón. De esta unión antinatural nació un criatura mitad humana mitad toro. Como Minos no se atrevía a matarlo por temor a ofender a Poseidón, ordenó a su arquitecto Dédalo que construyese para el monstruo una prisión en forma de laberinto de la que éste no pudiera salir. Allí encerró al Minotauro al que cada año le ofrecía un sacrificio de siete jóvenes y siete doncellas atenienses. Un buen día, entre los jóvenes que iban a ser entregados al Minotauro iba un hombre llamado Teseo. Nada más verlo la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él y para ayudarle a salir del laberinto le dio un ovillo de hilo para poder encontrar la salida. Teseo fue al laberinto junto con las otras víctimas y cuando vio al enorme toro logró darle muerte y escapar gracias a la ayuda de Ariadna.