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miércoles, 4 de julio de 2012

Historias de un profe IV

A veces, solo a veces, las apariencias engañan. El otro día viendo un concurso por la tele, uno de los concursantes que llevaba piercings, tatuajes y una gran cresta, dejó asombrado al presentador cuando le dijo que era profesor de primaria. 

Por propia experiencia sabemos que el aspecto hoy en día no es el factor determinante a la hora de poder llevar bien una clase con chavales adolescentes. Condiciona solamente hasta cierto punto. El trato de diario te hace ver hasta dónde puedes llegar con ellos. Establecer los límites es fundamental desde el principio. 

Da igual si se trata de un profesor con corbata y de la vieja escuela, como si es un profesor más acorde con los tiempos que corren; si son capaces de meterse a sus alumnos en el bolsillo, haciendo que se establezca un diálogo mutuo en los términos adecuados, habrán llegado a un entendimiento pleno con sus chavales. No siempre se puede conseguir en todos los casos, pero intentarlo es fundamental.

Y entonces poco importará que el profe no vaya a la última moda, o que le guste llevar un calcetín de cada color, o que use camisas de flores, sus alumnos lo escucharán.

Esos chavales con los que has conectado tan bien, son los que después de pasados dos años que no los ves ni les das clase, nos invitan a su fiesta de graduación. Poder charlar con ellos y con otros profesores fue sin duda alguna UNA GRAN ALEGRÍA. Y muchos no llevábamos corbata...



Con Juanmi Rodríguez durante la graduación







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